Sesión estimulante de fotos porno                      Una gran manera de pasar una mañana de domingo

21.12.2016

Esta segunda historia ya sí es una experiencia muy actual y más explícita que la anterior, para dar "una de cal y otra de arena".

Un domingo cualquiera de otoño de 2016 decidimos con mi actual gran compañero de vida y aventuras que tocaba "dedicarnos" una sesión de fotos porno en toda regla. Ya nos habíamos hecho fotos de este tipo, pero siempre estilo amateur. Tocaba ponerle el punto de vista "profesional", para poder tener fotos deslumbrantes para nuestro perfil en webs swinger/liberales.

Para ello, días antes habíamos contactado con un fotógrafo especialista en este tipo de fotografía erótica-porno. Y, por eso, sabíamos todo el material que debíamos llevar (juguetitos sexuales, máscaras y los imprescindibles taconazos). Él nos esperaba en su casa, donde el salón rápidamente se convirtió en un improvisado estudio de fotografía.

Es posible que alguien pueda pensar: "¿Están locos? ¡Eso queda para la posteridad!" Y a eso yo respondo que justamente es lo que pretendemos: dejar recuerdo para la posteridad de nuestra gran complicidad sexual y compartirlo con el mundo.

Tan sólo los preparativos me excitaron tremendamente: adecuar el salón, desvestirme en una habitación aparte (como si fuera nuestro camerino de una grabación porno), darme los 4 toques de maquillaje y, evidentemente, ponerme el albornoz para descubrir mi cuerpo sólo justo antes de "salir a escena".

Todo estaba preparado y, allí estábamos, mi pareja y yo desnudos ante un hombre que apenas conocíamos, dispuesto a captar el más mínimo detalle de nuestras relaciones íntimas. Esa sensación perturbadora y excitante a la vez hizo que empezáramos tímidamente a tocarnos, como si redescubriéramos nuestros cuerpos mutuamente, porque esta vez alguien estaba mirando y fotografiándolo TODO.

Pronto fuimos entrando en calor y en materia, está claro. La química entre nosotros fluye siempre con tal facilidad que esta nueva situación, que en un principio nos hacía descubrirnos tímidos de nuevo, no hizo más que potenciar lo que ya sentimos al ver, oler o tocar nuestros cuerpos desnudos.

Y así se sucedieron casi 4 horas de sexo sumamente excitante, con sus ratos de risas (por no encontrar el ángulo adecuado para que el cámara captara la esencia de cada interacción sexual) y recorriendo todos los muebles y escenarios que el lugar y su propietario permitían.

Por fin, el hambre y el agotamiento nos hicieron parar, para recuperar fuerzas. Esa sesión de fotos sólo fue un preludio de una intensa tarde de domingo de sexo en pareja para "rematar la jugada".

Supongo que este relato podría escandalizar a algunas personas, pero, como voy a ir reiterando, ¿qué hay de malo? Si no hacemos daño a nadie y sólo disfrutamos libremente de nuestra sexualidad, ¿quién tiene derecho a juzgar lo que hiciéramos ese domingo? ¿O acaso es la envidia que corroe a aquellos que no pueden superar sus tabúes lo que les lleva a criticar aquello que desean, pero que no se atreven a realizar por una mal entendida y falsa moralidad?

PD: Gracias al fotógrafo, Joan Més Gran, por ser ese profesional que disfruta de su trabajo y te permite sentirte cómoda en todo momento, incluso en situaciones tan extraordinarias.