UNA DOBLE EXPERIENCIA SENSITIVA por Little Sister

13.01.2018

Aquel martes comenzó con un nerviosismo especial que aumentaba cada vez que me venía a la cabeza lo que ocurriría por la tarde. Sentía una mezcla de excitación, intriga y expectación por probar algo nuevo. Nuevo relativamente, porque esta experiencia mezclaba dos situaciones que por separado ya había experimentado y las había disfrutado al máximo, o eso es lo que pensaba hasta ese día. Esa tarde me esperaban un delicioso masaje tántrico y la maravillosa caricia de unas cuerdas recorriendo mi piel.

Durante todo el día permanecí inquieta en mi trabajo, notando como los nervios aumentaban a medida que pasaban las horas y se acercaba el momento, notando ese cosquilleo de no saber qué va a pasar e ilusionada como una niña.

Llegué al lugar acordado en el que ya me esperaban Laciter y Arturo para comenzar el experimento. Una vez allí, me pidieron que me desnudara por completo y me vendaron los ojos. Me gustó la idea de que me privaran de la vista, ya que así podía concentrarme más en mí misma y en todas las sensaciones que pudiera sentir al son de una perfecta banda sonora de fondo. En ese mismo momento se paró el tiempo y comenzó todo.

Me ayudaron a tumbarme en una camilla, boca abajo, y noté como Arturo comenzaba a deslizar sus manos sobre mi cuerpo, intentando relajar todos esos nervios que se habían acumulado ese día hasta llegar a ese anhelado momento y que seguro que él podía sentir en mí. Notaba como se iban relajando cada una de las partes de mi cuerpo, al paso de sus manos, desde mis hombros y cuello hasta mis pies, pasando por los brazos, caderas y piernas, sin olvidar ningún rincón de mi piel.

La sensación de relax se fue transformando en una sensación placentera que iba aumentando poco a poco y acelerando mi respiración. Llegó el momento de girarme. Boca arriba Arturo continuó con su masaje, recorriendo con sus manos suavemente y con firmeza mi cuello, pechos, vientre, muslos y piernas. No se trataba de un típico masaje que pudiera darse en un juego sexual. A medida que se centraba en mi vientre y la parte interior de mis muslos, notaba que esa sensación placentera se iba intensificando, aumentando una excitación a la vez muy serena que iba invadiéndome muy poco a poco, a pesar de que en ningún momento llegó a rozar mis genitales, aunque él sabía perfectamente dónde y con qué intensidad tocar para irme provocando ese aumento de placer.

Cuando ya sabía que había conseguido su objetivo y me había dejado preparada para la segunda parte de la experiencia, avisó a Laciter. Envolviéndome entre los dos, me ayudaron a levantarme de la camilla. Mi respiración ya se había hecho mucho más intensa.

De pie pude percibir muy próxima la presencia de Laciter y noté sus manos firmes sujetándome, sintiendo su dominio sobre mí. Comencé a escuchar el sonido de las cuerdas cercanas a mí, desenredándose y rozando el suelo, aumentando mi deseo. Empecé a notar el tacto de las cuerdas recorriendo y rodeando mi piel, alrededor de mis muñecas y brazos. Mi excitación fue aumentando de una forma que era imposible controlar y no podía evitar que se escaparan de mi garganta unos gemidos cada vez más fuertes. En aquel momento solo podía sentir la fuerza de las cuerdas apretándose contra mi piel.

Más y más cuerdas comenzaron a rodear mi cuerpo, entrelazándose en el lugar adecuado y con la fuerza precisa para conseguir inmovilizarme. Y con cada nueva cuerda sentía que mi cuerpo se estremecía más y, de repente, comencé a temblar. No podía evitar que esos temblores se volvieran más intensos y que mis gemidos aumentaran. Disfrutaba de cada roce y de sus manos apretándome y manejándome a su antojo, y de ese inmenso placer que se va asomando despacio, haciendo desear aún más, disfrutando de cada segundo y cada gota de excitación, anhelando que siga creciendo y que no se acabe nunca.

Entonces, de golpe, noté que las cuerdas se iban desatando, haciendo el camino inverso, para dejar mi piel desnuda y mi cuerpo libre de nuevo provocando que comenzara a sentirme húmeda y mojar mis piernas con un fino hilo de mis líquidos. Sin parar de temblar, aún más intensamente, instintivamente intenté cerrar las piernas para evitar mojar el suelo, pero al roce de otra cuerda sentí que inevitablemente mis líquidos emanaban como si fuera una cascada.

Apoyada en Laciter, perdí el control de mi cuerpo temblando, gimiendo con fuerza, corriéndome y abandonándome en ese inmenso placer, hasta que las últimas cuerdas se iban separando de mi cuerpo, haciendo que estallara en un estremecedor orgasmo que no parecía tener fin.

Aún yo jadeando, Laciter me abrazó y se acabó ese intenso orgasmo tan especial. A pesar de haber finalizado, seguía muy sensible a cada roce y, sin apenas tocarme, no podía evitar seguir mojándome. A la vez, me sentía llena de energía y euforia, mezcladas con una gran relajación y serenidad y esta combinación me desconcertaba, más todavía pensando en cómo había sido provocado, sin penetración o estimulación convencional. Esa energía me acompañó durante horas después de finalizar el encuentro. Sin duda, ésta fue una de mis mejores experiencias. Gracias Laciter y Arturo por transportarme durante ese tiempo a un paraíso de los sentidos.